ROJOS CONTRA PROGRES

La realidad está para deformarla. Y en eso estamos…

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Crítico de cine y comentarista ocasional

Tren de sombras: “Cloverfield”

Publicado por Miguel García en Mayo 24, 2008

El contenido político del cine no se encuentra exclusivamente en las películas “sociales” o ensayísticas. Desde siempre, las grandes producciones han colado reflexiones y doctrinas bajo el aparente todo-vale del cine de evasión; el mensaje se pasa de contrabando, oculto bajo el convencimiento de la amplia mayoría de espectadores de que no es “una película para pensar”.

La ciencia-ficción siempre ha sido un terreno muy propicio: los fenómenos imposibles y los universos completamente inventados convencen a los espectadores más reacios al realismo (cuantas veces habremos oído el comentario de “¡para ver la realidad ya tengo el telediario!”) y permiten colar sus mensajes con mayor o menor sutileza, dependiendo del gusto: desde el directísimo alegato contra el armamento nuclear de “Ultimátum a la tierra” hasta las más tenues referencias a la invasión de Irak de “La guerra de los mundos” de Spielberg.

La película que hoy comento se llama “Cloverfield”, pésimamente rebautizada en español como “Monstruoso”, estrenada a principios de este año. Nos muestra una cinta de videoaficionado descubierta después de que un bicho gigante asole Manhattan; un grupo de amigos recorre la ciudad para salvar a una chica mientras todo se hace pedazos a su alrededor.

Más que una doctrina camuflada, esta película utiliza una constante redigestión de imágenes que todos tenemos bien clavadas en el imaginario colectivo desde el 11 de Septiembre. Las calles llenas de polvo, las tiendas como único elemento de cobijo…

¿Exorcismo colectivo o prostitución de las imágenes de una tragedia? Quizá ninguna de las dos, puede que todo Occidente haya perdido la sensibilidad de tanto ver las mismas imágenes de gente sangrando bajo calles llenas de polvo. La mayoría de los que vieron esta película no pensaron ni una sola vez en el 9/11.

Pero está ahí, igual que el hecho de que no conozcamos nada, ni su origen ni sus motivaciones, del monstruo que ataca el corazón de Nueva York: un reflejo del presente inmediato que vivieron los norteamericanos en las horas posteriores al atentado. Pocos sabían quién ni por qué; los ensayos, los artículos, los programas sobre el intervencionismo de EEUU en Oriente Medio llegarían mucho, mucho después. Y “Cloverfield” sólo muestra unas pocas horas después del ataque.

Pero de todo el subtexto de esta frenética película yo subrayaría dos escenas muy interesantes, dos rotundas reflexiones sobre los medios de comunicación y el consumo de imágenes de la sociedad actual:

Los saqueadores de una tienda detienen su trasiego para ver en la televisión cómo se desarrolla la hecatombe que ocurre justo detrás de ellos. Una de las imágenes del informativo, tomada desde un helicóptero, es la de la cola del lagarto gigante rompiendo un puente: escena que aparecía antes en la película, pero en la que no se veía absolutamente nada porque, al estar la cámara demasiado cerca, sólo se veían las explosiones de cemento y los cuerpos volando hacia el mar.

Los neoyorquinos, tras ver como la cabeza de la Estatua de la Libertad aterriza en plena calle, sólo hacen una cosa: sacan los móviles y se ponen a hacerle mil fotos.

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Soy del PP. Con eso me sobra

Publicado por Miguel García en Mayo 21, 2008

Cinco semanas antes, su partido no hacía honor a su nombre y recibía la espalda del pueblo. El partido que ganaba también llevaba muchos años sin cumplir con el suyo, pero eso no parecía importarle a nadie.

Yo llevaba un tiempo reflexionando sobre el concepto de identidad. De no haber sido por eso, quizá nunca me hubiera fijado en esas declaraciones. Son del señor Javier Arenas y aparecieron citadas en casi todos los periódicos nacionales el 20 de mayo, siempre en los penúltimos párrafos.

<< El Partido Popular ya existe y es el mejor de España. Cuando me preguntan: ‘¿Usted qué es, liberal, socialdemócrata, democristiano?’. Yo digo: ‘Soy del PP. Con eso me sobra’. >>

Quizá al principio sólo llame la atención la capacidad argumentativa del soliloquio (no había visto una cosa igual desde segundo de Primaria), pero debajo de eso hay mucho más de lo que parece. En esas tres frases está resumida la vida moderna.

Porque nos hace falta definirnos, en respuesta al impulso de la maquinaria que nos convierte en muñecos homogéneos a los que vendernos cositas. El problema está en que para demostrar que no somos iguales, se nos ocurren las mismas cosas que a todo el mundo. Y siempre hay caminos fáciles para los vagos como yo: las hinchadas de fútbol y los partidos políticos pueden cumplir ese cometido a la perfección, como nos muestra con sutileza y concisión el señor Arenas.

Nadie sabe muy bien por qué se es del Betis o del Sevilla, qué circunstancias llevan a los que nacen en esa bonita ciudad a decantarse por uno o por otro. “Porque es lo más grande”, respondería junto al Guadalquivir el hincha con su bufanda, añandiendo con los ojos llorosos que daría hasta la última gota de sangre por su equipo.

Y así han avanzado hasta hace poco los políticos del PP, pero también todos los votantes: apretando el puño para defender su equipación sin preguntarse nada más. ¿Yo quién soy? Yo soy rojo, con eso me sobra. Ya me enteraré algún día de qué leches es eso.

Y a fin de cuentas, ¿por qué deberían establecerse los populares como liberales, conservadores o socialdemócratas, o democristianos? ¿Por qué preguntarse qué tiene de obrero o socialista el ministro de Trabajo? ¿No deberían todos los políticos estar cerca del pueblo, como nos muestra sabiamente Arenas? Decir directamente: “Somos los tuyos y somos cojonudos”. Eso es lo que nosotros, el pueblo llano, pedimos y sentimos. Y para completar el cartel, que aparezca abajo, en mayúsculas: “Si nos votas, eres lo más”.

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