Un poco de teoría de la inmigración aplicada…
Publicado por andresvillena en Mayo 23, 2008
Tuve que huir literalmente de mi anterior piso porque uno de mis compañeros -español- me amenazó con arma blanca. Anteriormente, mi otro compañero y yo habíamos sido indirectamente maltratados por este español del sur de la península.
Cogí el metro a eso de las doce de la noche el otro día. Mientras esperaba, un joven -español- trató de robarme la cartera. Antes de alejarme definitivamente -no soy dado a los altercados- me fijé en su cara para confirmar su nacionalidad.
Llevo varias semanas de médicos por unos problemillas. Acudo a la Seguridad Social. Todos los ambulatorios están rodeados de ancianos -españoles- que no cesan de quejarse. Faltan médicos, pero sobran quejicas. Los inmigrantes hacen cola, como todos. El farmacéutico de al lado del ambulatorio tiene montado un auténtico negocio. Además, es uno de estos boticarios dicharacheros que proclaman a los cuatro vientos lo que les pides. O sea, un gilipollas. También es español. De Chamberí, a lo mejor.
He montado en varios taxis conducidos por inmigrantes últimamente. Aunque no hablen bien español, manejan el GPS igual de bien. Ninguno me ha timado, como lo hizo un taxista extremeño en Atocha el pasado mes de septiembre.
Fui a comprar al supermercado Día ayer. No aconsejo la experiencia. La cajera resultó ser una suerte de terrorista del minorismo. A punto estuve de pararle los pies, pues se dedicaba a vejar literalmente a todos los clientes. Por cierto, era española, aunque no podría especificar su procedencia más allá. Una de las ancianas, que se venía quejando, hizo mención al capital francés de la empresa minorista. Pero la cajera era española.
Con tres bolsas y un peso que me hacía desplazarme con dificultad, llegué al portal del piso. Una inmigrante -de Ecuador o Colombia, quizá- esperaba detrás de mí. Sabía que no venía a robar ni a hacer el mal: hay ecuatorianas o colombianas viviendo en el mismo edificio y esta sería una de ellas, o bien una amiga. Con las bolsas en el suelo, abrí el portal con mis llaves y la dejé pasar. Cuando me dio las gracias, le di la espalda y recogí las pesadas y dichosas bolsas.
Me di la vuelta y allí permanecía: me sujetaba la puerta para que pudiese entrar.



Mayo 23, 2008 a 5:05 pm
El relato está bien, puedes publicarlo para algún concurso de relatos breves. El contenido y la moraleja también me gustan. Ahora bien, puede existir cierta paradoja al intentar defender la igualdad de derechos para todas las personas sin distinción de raza con ese cierto “tufillo” de superioridad que algunos habitantes del centro de la Península tienen sobre los que nos encontramos más abajo del paralelo 40 (referencias al compañero de piso, del sur, que maltrataba y al taxista extremeño que timaba). Sin querer hacerle sombra, podría escribir un minirrelato que, por supuesto, no será ni la mitad de bueno que el suyo.
Érase una vez un recluta que tras sus años de universidad tuvo que hacer el servicio militar obligatorio (algunos no saben lo que es eso, buen síntoma de juventud), lo hizo a 87 kilómetros de su casa, no lo pasó mal y le sirvió para estudiar y aprobar sus oposiciones. Dio clases de Graduado Escolar de la época hizo amigos de Cataluña y, del sur de la Península. En el cuartel había una gran mayoría de “centro-peninsulares”. Todas las pintadas de las letrinas estaban firmadas por éstos y su lugar de procedencia. “africanos” era el insulto menos grueso que los habitantes del sur recibíamos.Fin del relato. Moraleja: en todos los sitios cuecen habas. Para defender los derechos fundamentales de todas las personas no hace falta hacer comparaciones ofensivas.
Mayo 23, 2008 a 8:31 pm
Con del sur (Málaga), me refiero a un compañero de piso que vivía precisamente en mi ciudad, Málaga. Fue precisamente un casi vecino el que me sacó un arma blanca. Que el taxista fuera extremeño no es culpa mía, sino de la madre que lo pudo querer parir. No hago distinciones norte-sur, precisamente porque vengo de abajo, de esa “áfrica” que tanto tiene que aportar al centro, norte, etc. El tufillo es meramente casual, que no causal.
Un saludo, Juan.
Mayo 26, 2008 a 5:54 pm
gilipollas hay en todoslos sitios, pero lo que no puedes hacer es generalizar. en tu pais tambien habra maleducados, taxistas cabrones (por cierto soy extremeño),pero tambien hay españoles que tienen buena intencion, no son racistas,… no puedes juzgar a un pueblo x echos indiviales, sino te estas comporteando como los que critican al los extranjeros. cada persona es un mundo, da igual su raza, religion, nacinalidad, puede q tod esto inluya pero no es determinate xra crear la personalidad de una persona.
Agosto 14, 2008 a 4:00 pm
esa joda es mu picha