ROJOS CONTRA PROGRES

La realidad está para deformarla. Y en eso estamos…

Para acabar con ETA, y otras cosas más

Publicado por andresvillena en Mayo 14, 2008

Fueron muchos los estímulos con los que nos bombardearon en el día de ayer: historias íntimas, de familiares, de lo dura que es la profesión de Guardia Civil. De lo cruel que son los terroristas… Una vez más, no debemos dejar que lo emotivo nos ciegue, y hemos de hacer el esfuerzo de reflexionar e intentar rebatir ciertos dogmas aprendidos, aunque esto nos haga ser aún más impopulares:

- Lo de ayer fue un asesinato. Un Guardia Civil es un trabajador, como ese supuesto partido proletario vasco que aspiran a fundar los gudaris que matan y extorsionan. Lo mismo que ocurrió con los dos ecuatorianos y con Isaías Carrasco, que trabajaba en el peaje de una autopista. Además, según algunas fuentes, no les hubiera importado matar a más gente… Espeluznante.

- En un Estado de Bienestar burgués en el que vivimos -y del que también disfrutan, en distinto grado, los autores del atentado-, hay que ser muy cínicos para aceptar que este acto de violencia es una legítima manifestación ante las agresiones históricas, simbólicas, económicas o lingüísticas que sufre un determinado “pueblo vasco”. Ni un solo edil de ANV se atreve ya a mantener esta posición en público.

- El punto en el que creo que hay que romper con las versiones oficiales es con el hecho de identificar ETA con una “banda de delincuentes”. Si en tal caso fuera, no deberían marcar la agenda política del día. Lo que se ha producido es un asesinato político, protagonizado por una mafia histórica que cuenta con la tolerancia de una determinada masa popular cuyas reivindicaciones cree ignoradas. La banda, con el tiempo, seguramente ha perdido su ideología y se ha convertido en un mero simulacro basado en las historias aprendidas y en las películas de cine negro. Pero es una banda terrorista con apoyo o tolerancia popular, protagonista de un conflicto político.

- De ahí concluimos con que es una de las consecuencias de un determinado conflicto político e histórico: el de un enquistamiento entre nacionalismos opuestos: el español y el vasco. Las ficciones de los Estado-nación convienen a los de siempre: crean un mito digerido por la población, que se distrae de problemas más graves. Surgen, de este modo, oportunismos políticos que viven prácticamente del cuento. Hablamos del PNV. Hablamos del PP. Nos referimos a algunos casos del PSOE, IU y, por supuesto, a la izquierda abertzale, el más extremo de los integrismos en España.

- ¿La solución? Detener, por supuesto, a todo integrante de un comando armado; dar paso a un ordenado diálogo sobre los conceptos de nación y su papel en la Europa comunitaria actual; ser sinceros y referirnos al “concepto difuso” de España que un ilusionado Zapatero comenzara a esgrimir durante la pasada legislatura, antes de que lo sepultaran con el “España se rompe”; decir a la cara a los de Ibarretxe la verdad del “bucle melancólico” vasco; revocar toda legislación que impida a los más radicales votar, acceder a las instituciones y convivir en ellas con los más civilizados; pedir honradez a la oposición conservadora, que habría de rebajar su exaltado nacionalismo y recortarlo llegando a la firma de un simbólico pacto de Estado con los nacionalistas moderados y el Gobierno socialista.

Todo esto es muy difícil y casi utópico: hay demasiada gente que vive del terrorismo y no todos ellos son terroristas. Pero creo interesante que destapemos, de vez en cuando, quién baila tras el escenario y podremos atisbar algún tipo de solución plausible.

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